sábado, 22 de octubre de 2016

Desmotivación

¿Por qué siempre tengo que ser la causante de todos los problemas de mi familia?

Me hago constantemente esta pregunta, pero hoy más que nunca, de hecho, en este momento me planteo en mi cabeza mil teorías.

Soy terriblemente egoísta con mi familia, ellos lo han dado todo por mí y mi única forma de pagárselo es llorando y quejándome como si tuviese cinco años.

He elegido irme a estudiar fuera, una carrera medianamente difícil para la que no solo hace falta motivación, sino competitividad. Me siento mal porque no es que no sea competitiva en sí, sino que mi falta de motivación me está llevando por mal camino.

Realmente siempre he pensado que me gustaba la biología, y bueno, nunca me he equivocado, pero por ejemplo, también me quiero dedicar a escribir o a cantar, sin embargo, jamás me creeré lo suficientemente buena como para triunfar en ninguna de esas carreras...

Al igual que un día me gustaría llevar una bata blanca donde pusiese "doctora Tejeda", también me gustaría estar entre los escritores más renombrados del momento, o entre los cantantes cuyos éxitos han dado la vuelta al mundo. Quiero hacer algo grande, quiero triunfar, el problema es que nunca he encontrado las fuerzas.

Todos me dicen: "tienes un don", "tienes potencial, aprovéchalo"; pero yo no lo veo por ningún lado, no creo en mí ni en mis posibilidades, y lo peor es que ando por el mundo sin saber quién soy o quién quiero ser.

Cierto es que si no es por mí, al menos debería esforzarme por mis padres, ya que me están pagando una carrera y una estancia muy caras sacrificando mucho de lo que tienen, solo por mí, una hija desagradecida y caradura, egoísta en definitiva.

No me merezco nada de lo que tengo, y aún así siempre encuentro un motivo para quejarme.

¿Por qué soy así? ¿Por qué no puedo simplemente cambiar?

Solo tengo pensamientos egoístas como por ejemplo: "Oh, no sé para qué vine a Pamplona si no tengo a mis amigos y a mi familia cerca..." En vez de simplemente pensar en la gran oportunidad que tengo de estudiar en un lugar prestigioso (aunque se trate de una universidad cuyo dinero sale de una secta de la que no solo estoy en contra de su existencia, sino que también detesto).

Siento que en vez de venir a Pamplona a encontrarme como persona y a aprovechar todas las buenas oportunidades, he venido a añadir más cagadas a mi interminable lista que, sino recuerdo mal, empecé a rellenar con catorce años cuando dije que no quería seguir yendo a clases de piano.

No quiero hacer pagar a mis padres un dineral en vano, y tampoco quiero estudiar sin motivación, pero no sé que más me queda ahora, a parte de desahogarme escribiendo un blog a lo "Awkward".

También hay algo que me entristece enormemente, como el hecho de que antes tenía mil y una historias para contar y mil y un personajes para crear, cada uno más diferente al siguiente. Ahora solo escribo sobre mi triste y patética vida en un triste y patético blog.

Sé que el cambio de mentalidad y de perspectiva depende de mí, pero me encuentro en el limbo y muy floja de ánimos. Ya no sé en quién o en qué refugiarme. Si hace unos años estaba perdida, ahora lo estoy más que nunca; ya no sé quién soy.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Decisiones de última hora

Ayer fue un día muy raro y agotador, a pesar de que no fui a clase hasta última hora...

Bueno, el día comenzó como siempre: me levanté, estudié (sin ganas), después fui a las prácticas de EFB (al menos esas están bien), comí en el piso y, al final, en vez de ir a la clase de las cuatro, decidí quedarme en casa fumando hierba con mis compañeras y unas amigas.

No fue buena decisión, porque no me estoy tomando en serio la universidad y eso me va a perjudicar no solo a mí, sino también a mis padres; sin embargo, la raíz del problema no radica en esta decisión de última hora, sino en todas mis malas decisiones de última hora, porque así han sido siempre, decisiones mal tomadas en el último minuto.

Estoy harta de esas decisiones, de ese comportamiento infantil, de no poder pensar las cosas fríamente. Sinceramente, pensaba que había cambiado, pensaba que aunque sea un poco, había madurado. No ha sido así.

Hoy voy a intentar ser responsable, voy a ir a la biblioteca a estudiar el examen que tengo el lunes de BCH y como meta me propongo estudiar hasta el tema 8. Sería todo un logro conseguirlo...

Ojalá que hoy el día sea productivo y que al menos me sienta un poquito realizada, la semana ha comenzado como un tremendo desastre (más de lo normal), así que voy a intentar remediarlo, aunque solo sea un poco.

martes, 18 de octubre de 2016

Las cadenas del pasado

Hoy he dormido inquieta, más de lo normal y como siempre he deseado que la noche se alargara un poco más. Cada vez me cuesta más empezar un nuevo día.

Me he mirado al espejo y he vuelto a sentirme envuelta en el pasado: me he dado cuenta que llevo el pelo igual de largo que cuando conocí a Julia, igual que el día que me puse espuma en el pelo por primera vez y le mandé una foto por Whatsapp.

También me he puesto a escuchar a Kiko y Shara, unos cantantes que escuchaba cuando era pequeña y que me encantaban. Sus canciones siempre me recuerdan épocas mejores, infancia e ilusión. Feliz ignorancia, quizás.

He pensado en mi antigua mejor amiga, Fuen. Todavía la echo de menos y me pregunto si alguna vez ella se acuerda de mí. ¿Pensará en los buenos momentos que vivimos juntas?

Me duele estar tan encadenada al pasado, cada día que pasa un nuevo recuerdo aparece y durante algunos segundos me corta la respiración. Por suerte ya me estoy acostumbrando a vivir con ello, y quiero pensar que es un efecto secundario de estar viviendo en Pamplona.

Hoy tengo muchas cosas que hacer y para variar, no tengo ganas de hacer ninguna de ellas, solo quiero parar el tiempo, o mejor, dar marcha atrás y volver al septiembre del año pasado para arreglar los muchos errores que cometí y de los que me arrepentiré toda mi vida.

Dicen que no hay que arrepentirse de los errores, que hay que vivir con ellos, pero a mí eso no me ayuda mucho. Sí que es verdad que no repetiría esas mismas cagadas, pero mi mal karma ya se está encargando de devolvérmela.

Creo que sin duda una de mis peores elecciones en la vida no ha sido otra que irme a estudiar fuera, y sí, lo digo muy segura. Yo no estoy viviendo lo que se dice "la mejor época de mi vida", ni tampoco la peor, lo que estoy viviendo es mucho más triste: "una época sin sentido".

Estoy viviendo un momento que pasará a la historia de mi vida sin pena ni gloria, simplemente como una transición, sin embargo, por muy consciente que sea de ello, no me hace sentir feliz, al contrario, me hace ser desgraciada por saberlo y permitir que pase.

Ya son las ocho de la mañana, hora de estudiar y de empezar un largo y aburrido día. Solo espero que no sea muy largo...